distancias cortas III
Domingo, Julio 20th, 2008No se donde pagar, toco en una puerta y alguien me ahuyenta rápidamente y me dice que pasaran al cuarto a cobrarme. Me siento como fuera de la jugada, como dejando ver mi novates al respecto, intento tener mas carácter.
Paso al cuarto y me lleno los ojos con los tapices de colores ocre, las dos botellas de vidrio grueso llenas de agua, el teléfono de disco, quisiera tener una grabadora para poner un cassete y escuchar una canción vieja con su sonido nada nítido tan amable, Dream On de the Peche Mode seria la música… tocan a la puerta. Son $220 por la habitación, pago y cierro la puerta y hago consciencia de que los aspectos van tomando propiedad en sus presentaciones.
Vine acá para dormir y eso es mi oficio, pero antes de eso, saco de mi mochila un regalo que me voy a dar, uno muy cuidado y que como novia que se entrega al amor por primera vez con toda seguridad por los meritos de su amado, así me entrego yo a ella, hoy con la Absenta, estaré donde la inspiración de Degas y Picasso, hoy tendré fluyéndome las venas los meritos para la decisión de Van Gogh y las intenciones neurálgicas para con Hemingway, consumo en tragos profuendos y de deleinte el licor verde.
Siento las grageas de ave, el vapor de neftalina, las imágenes del ciego, los pulmones celestes, siento los ojos azules, rojos; azules enrojecidos, el corazón latiéndome en la cabeza. Ahora que consumí algo consumiré todo.
Entro al lugar y de inmediato estoy en el País de las Maravillas; elementos sin fin, puestos en hileras perpetuas; en las inestáticas latas, cajas, bolsas y botellas con identidad, nuevos, más nuevos, siempre nuevos, nunca vistos, con signos de admiración grandes. No estoy seguro por donde estoy viendo, ni de lo aparecido rápido e ido, desde la nuca estoy repetido varias veces. Pierdo resistencia y me dejo conducir entre refrigeradores y probadores, sin gravedad en mis pasos; es el camino de las rosas amarillas, son idénticas a las del libro; ¡porque son de plástico! ¿no es soberbio? La imaginación me transportaba hacia la realidad ¡nunca habían coincidido y es fantástico! es el fabuloso mundo de la vida Disneysificada, en el idioma de los conejos, duendes, tigres, genios, abejas, y gallos. Es el club de los amigos Marca Registrada. Me siento made in, diversificado en la gama entera de colores pintados de uno solo; engendrado entre el rosa amoratado de la comida para gatos, los protectores estomacales, las muñecas perfectas y los humectantes, fundido en el blanco de la nieve acetilsalicílica, las almohadas y el hardware. Coagulado por el amarillo de los rollos fotográficos presos en las latas de atún.
Escucho campanitas, sonidos de video juegos, monedas cayendo, códigos de barra liberados, mis manos están sudadas mientras que los ojos de una esquina a otra, se abren avariciosos queriéndolo todo. Las lunetas prenden y apagan en las luces de navidad, los insecticidas propios para las galletas de animalitos, las verduras maduras en las flores sintéticas, la verdad es violenta, no hay porque utilizarla.
Voy hacia las puertas sin llaves, libero a los animales de la cruel exhibición, tengo una tonelada de aullidos calientes apoderándose de mi fuerzas, de una brazada va hacia abajo una hilera, la otra, vacío a mi paso harina, cloro, cera líquida y rastrillos. Si hay velas deben de estar prendidas, si hay fragancias deben de dejarse oler. Ahora va el niño, a puñetazos rompe el plástico que lo separa de su superhéroe de la era atómica, la niña agarra la bicicleta y me ayuda con los rollos de papel que se ven volar. Desde la escalera el empelado, hijo de un alcohólico, deja caer de una patada todas las botellas que en pedazos por el suelo se ven inofensivas. Aquí nadie es dueño de nada, la cajera toma el dinero, el más pobre la comida, el enfermo la medicina, el sensible la música. Esta la sangre de las frutas por las paredes, el yogurt, los radios prendidos, las pelotas botadas, el agua con gas, los sobres de te y los cuadros de caldo de pollo, las alarmas puestas, el fuego, el humo, las pupilas de quienes permanecieron y que les palpitan cual vidrio rebotado por un estruendoso volumen… desperté.


Tengo que mencionar también mi admiración por los varones de cabello largo: Tarzán, el Che, ¡Jesús!… la bravura. Aunque en esto del cabello hay un filo riesgoso que sobrepasa la valentía y lo vuelve enteramente afeminado, en su caso excesivo los travestís. Me encantan, la idea de que puedan elegir su género, en definitiva la voluntad es la libertad. El espejo, el caminado, el tintineo, una uña… que bien entendida tiene la diferencia entre maquillar y aparentar.